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Las Cualidades Viscerales de la Arquitectura. Una Conversación con Palinda Kannangara, por Richard Murphy

Entrevista Palinda Kannangara Richard Murphy

El Croquis 212 Palinda Kannangara 2005 2022
Refugio para Artistas en Pittugala. Obra publicada en El Croquis 212 Palinda Kannangara 2005 2022. Fot.: Jesús Granada.

Las Cualidades Viscerales de la Arquitectura
Una Conversación con Palinda Kannangara

por Richard Murphy

Texto publicado en El Croquis 212 Palinda Kannangara 2005 2022

 

Richard Murphy: Quisiera, como es inevitable, empezar desde el principio. Como usted sabe, algunos arquitectos muy significativos no necesariamente comenzaron queriendo ser arquitectos. He leído, en el ensayo de Anura Ratnavibhushana que acompaña esta monografía, que usted era en el colegio un chico interesado por las matemáticas. Y sé que Geoffrey Bawa estudió Derecho en el Middle Temple de Londres. Así que, antes de nada, esa pasión suya por las matemáticas, ¿qué relevancia ha tenido para su carrera como arquitecto? ¿Se ha traducido de algún modo en sus edificios?

Palinda Kannangara: Las matemáticas y el arte fueron dos cosas que disfruté desde la niñez, también durante la escuela. De niño, me pasaba horas dibujando; o construyendo torres, plegando billetes de lotería que ya no valían. Incluso hoy, tengo sobre mi mesa de trabajo, para distraerme en ratos cortos, acertijos matemáticos. La aspiración de mi madre al ver mi interés por todo aquello fue que estudiara arquitectura. Por mi parte, ese interés por las matemáticas se tradujo en el medio que me facilitó el encontrar mi camino.

Al principio, pese a que fui admitido en la Universidad de Colombo, donde la educación era gratuita y pude estudiar Ciencias Físicas especializándome en Matemáticas, mi sensación, aunque disfrutara de los estudios, era siempre la de que mi camino iba por otro lado. En todo caso, allí, en la Facultad de Ciencias, hice amigos para toda la vida; uno de ellos, además, ha sido un excelente cliente y mecenas para mi, no sólo me encargó mi primer proyecto, el Bungalow y la Planta Hidroeléctrica de Ginigatthena, sino incluso, también, otros después (Leisure Pavilion, Avissawella Bungalow, Ratnapura Bungalow o hidroeléctricas en Sri Lanka y África). Ese sentimiento que me embargaba me llevó a optar, cuando cursaba el segundo año de la licenciatura en matemáticas, por conseguir una plaza en el programa de Arquitectura de la City School of Architecture. Pero entonces falleció mi madre… En aquel momento, sólo contaba con el dinero necesario para un año de matrícula; aún así, me arriesgué y me incorporé al curso. De modo que estudié las dos carreras simultáneamente. Y fue entonces cuando sentí que al fin había encontrado mi vocación.

En definitiva, y en respuesta a su pregunta, las matemáticas han significado para mí no sólo el medio que me ha permitido poder descubrir mi camino en la arquitectura, sino una enriquecedora experiencia para mi práctica, porque, si bien mi enfoque hacia el diseño no tiende a ser complicado —se basa en lo racional y en lo lógico, también en las cualidades viscerales de la arquitectura—, las matemáticas me han facilitado la capacidad de simplificar y ser reductivo, o tomar decisiones rápidas y racionales, pero también, y entre otras cosas, experimentar con la estructura.

Hablemos del proceso de trabajo. Usted y yo pertenecemos a una generación a la que se enseñó a dibujar con lápiz, escuadra, cartabón y una regla 'T', y también, a cómo hacer perspectivas. ¿Cómo se siente usted ahora?

Como obtuve el título de arquitecto en 2004, y empecé mi práctica profesional independiente en 2005, en la cúspide de la era del dibujo digital, me siento cómodo manejándome en ambas técnicas, y utilizo las dos.

Usted tiene en su estudio arquitectos jóvenes. Pertenecen a otra generación. ¿Ellos dibujan a mano antes de emplear el ordenador, o van derechos a él? (¿Por qué será que me preocupa el que la gente ya no use el dibujo para pensar?).

El dibujo, como herramienta de pensamiento, es muy importante para nosotros. Yo trabajo mucho con croquis y con maquetas; pero en especial, con croquis de todo lo que tenga que ver con el lugar del emplazamiento de un proyecto. Las maquetas las construye y desarrolla más el equipo de mi oficina en base a esos primeros croquis y dibujos. Aún así, mi equipo se maneja también con croquis, dibujos a mano y maquetas —cruciales para nuestra manera de hacer— antes de desarrollar cualquier dibujo a ordenador.

Los dibujos a mano tienen la capacidad de encapsular concisamente un momento dado —una escala, una luz, una sombra—, pero también de capturar la sensación y la profundidad que queremos expresar en nuestro trabajo, que no suele lograrse con dibujos digitales. Por eso creemos más en el desarrollo del diseño a partir de croquis detallados del lugar y de maquetas hechas en la oficina que a partir de imágenes tridimensionales 'renderizadas'. El tener un enfoque del proyecto basado en gran medida en el lugar hace que nuestros dibujos tiendan, en su mayoría, a incluir lo captado allí por los croquis —croquis de numerosos desarrollos del lugar, o de detalles—, aspectos que siguen estando presentes en el núcleo de lo que representamos.

A diferencia de lo que pasa en occidente, que los dibujos ya no pueden cambiarse una vez iniciada la obra, nosotros, aquí, los seguimos desarrollando durante la construcción. Y esto nos suele brindar tiempo para llevar el proyecto con la necesaria reflexión.

 

Texto publicado en El Croquis 212 Palinda Kannangara 2005 2022 . Disponible en nuestra web en versión impresa y digital.

 

Palinda Kannangara (1970, Kolonnawa, Sri Lanka) se graduó en el año 1996 con una Licenciatura en Ciencias Físicas, especialiidad Matemáticas. Su principal vocación, no obstante, estaba en otro lugar. En 1994, se matriculó en el curso organizado por el Instituto de Arquitectos de Sri Lanka. Durante sus estudios, se formó con el arquitecto esrilanqués Anura Rathnavibushana, quien había trabajado con Geoffrey Bawa durante 16 años. Tras recibir su título en 2004, estableció su propia práctica en 2005. La oficina se ubica en Rajagiriya, Sri Lanka.
Richard Murphy es un arquitecto británico que estudió en las universidades de Newcastle y Edimburgo y más tarde enseñó en esta última. Su oficina, Richard Murphy Architects, fundada en Edimburgo en 1991, ha construido obras en el Reino Unido, la República de Irlanda, los Países Bajos, Malta, Macedonia y Sri Lanka. En 2006, Richard Murphy fue elegido 'Arquitecto Escocés del Año' por los lectores de la revista Prospect, y en 2007 se le concedió la Orden del Imperio Británico con motivo de la onomástica de la Reina. En su tiempo libre, canta en el Coro de la Orquesta Escocesa y pilota su ultraligero G-RIBA por los cielos de Escocia y más allá.


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