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Entrevista a TEd'A arquitectes por Santiago de Molina. (PDF Gratis)

Materia de Juego. Una Conversación con TEd'A arquitectes

Por Santiago de Molina

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Su actividad profesional comienza en el año 2000 tras un periodo de formación que puede considerarse global y con un enfoque que denota una especial sensibilidad hacia la tradición arquitectónica mallorquina. Ese contraste, entre lo genérico y lo local, ha llegado a ser una cualidad característica de su trabajo.

Jaume Mayol: El hecho de estudiar fuera del lugar de origen te aporta, cuando vuelves, cierta perspectiva diferente. Uno se da cuenta que las cosas que tiene a mano —las que le son comunes, habituales, sinceras, básicas, elementales y ordinarias—, también son fabulosas. Vivimos una contemporaneidad donde la arquitectura que se ofrece es global, así que cuando uno se acerca a lo local se sorprende —tiene razón Perejaume cuando dice que cualquier lugar del mundo es increíble y fascinante, que sólo ha de mirarse con esmero, con atención—, y es entonces cuando, partir de lo local, puede devenir lo universal. Por decirlo de otro modo: la casa romana no es ni mejor ni peor que la de origen africano, ambas comparten un concepto de casa que es común, general y que en ambos casos responde a las necesidades específicas de cada lugar, pero que se ha perfeccionado gracias a la tradición propia. Nosotros nos sentimos cómodos cerca de los Regionalismos; incluso mejor, cerca de lo rural. Preferimos la evolución a la revolución. Intentamos entender las particularidades de cada lugar, estudiar y entender la tradición local, utilizar lo existente como herramienta. Intentamos trabajar con cosas que hemos visto antes, y aprender del pasado para dibujar el futuro próximo.

 

Entrevista a TEd´a arquitectes. PDF. El Croquis

 

Hablando de lo específico, incluso su propio nombre, TEd’A arquitectes —unas siglas que significan, si no me equivoco, Taller Estudi d'Arquitectura—, aludiría a dos conceptos que, por separado y en distintos momentos, serían habituales a la hora de referirse a una oficina de arquitectura, pero que al emplearse juntos describen una forma de actividad que hace pensar en un híbrido entre varios oficios.

Irene Pérez: Nuestra voluntad es ser al mismo tiempo un taller y un estudio de arquitectura. La idea que tenemos de taller se podría aproximar a la de los ateliers artesanos, un lugar donde la gente trabaja en grupo, comparte conocimiento y aprende de los unos y los otros, habitualmente de forma lenta pero intensa. Y con lo de estudio tenemos en mente la imagen monacal de San Jerónimo en su estudio, de Antonello da Mesina, un lugar donde con intensidad cada uno profundiza en sus propias quimeras, en cada proyecto, en cada cuestión. Al poner juntos ambos conceptos (Taller Estudio) el resultado, pensamos, se alejaría de la idea preconcebida de despacho. No queremos, ni sabemos, proceder de manera impoluta; acostumbramos a trabajar de modo impuro: los proyectos avanzan los unos sobre los otros (como sucede en un taller) una maqueta desmonta a la otra. Y eso nos obliga a experimentar continuamente, a estudiar las cosas, y posiblemente, también a rehacerlas, porque lo que se probó en un proyecto puede servirnos para otro…

La continuidad, como forma de trabajo, parece importante también para ustedes. Uno puede apreciar a muchos niveles la consciencia de la fragilidad de esa continuidad con las raíces de Mallorca, no sólo en cuanto a referencias puramente arquitectónicas también incluso en cuanto a referencias que tienen que ver con el propio lenguaje.

JM: Tradición deriva del latín tradere (entregar, legar) y significa llevar más allá. La tradición recoge el conocimiento secular, lo hace suyo y poco a poco lo transciende. La tradición trabaja por repetición. Repetir y perfeccionar. Repetir incansablemente un mismo gesto, un mismo objeto, un mismo detalle, una misma solución. O, en nuestro oficio, una misma tipología, un mismo material. Con cada repetición, no sólo se actualiza y perfecciona el detalle, sino que se contribuye a reforzar la identidad del lugar donde se trabaja (del latín idem, el mismo, lo mismo).

Los nombres con los que distinguen a sus viviendas, por ejemplo, que son los nombres de sus habitantes, también aluden a su término mallorquín (Can). Se intuye en ello una especial relación con sus clientes y una reivindicación de un significado para la casa que desborda su contenedor físico para insinuar el concepto de hogar.

IP: Sí, los proyectos podrían ser nombrados por el lugar donde se ubican (Casa en Montuïri, por ejemplo) pero, si introduces a las personas concretas, en seguida dejan de ser casas y comienzan a ser hogares (de Jordi y Àfrica, de Guillem y Cati, etc). Para nosotros, las personas son un ingrediente esencial del proyecto. La casa que acabas haciendo nace de la voluntad de estos clientes, de sus intenciones, de la manera en cómo indagamos en sus vidas. Denominar las casas con sus nombres es una forma muy básica de convertir ese objeto en un lugar apropiable, un lugar que deja de ser nuestro y pasa a ser de ellos desde el momento en que tienen que transformarlo y vivirlo.

JM: No hay detrás de esa denominación ninguna estrategia. Sin embargo, tiene que ver con el modo por el que ancestralmente se conocen las casas en Mallorca. Llamar Can a la casa es, de alguna manera, reconocer en ella un topónimo, algo que revierte al final a la propia isla. Can Lis, de Jørn Utzon, por ejemplo, vincula la casa a un lugar pero a la vez informa sobre el lugar mismo, lo enriquece.

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