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PERIS+TORAL: La Invención y la Trama. Una conversación con Marta Peris y José Toral, por Eduardo Prieto

Eduardo Prieto Entrevista PERIS+TORAL

PERIS+TORAL: La Invención y la Trama
Una conversación con Marta Peris y José Toral
Eduardo Prieto

Texto publicado en El Croquis 234 PERIS+TORAL 2015 2026.


 

 

EL ORDEN SE MANIFIESTA de muchas formas. Puede ser espontáneo, como el de las figuras cristalinas que nos regala la naturaleza o como ese orden alcanzado aparentemente sin esfuerzo que es prerrogativa de los genios. Lo más común, sin embargo, es que el orden sea fruto del esfuerzo, de la voluntad decidida de resistirse a esa complacencia infantil en el caos que define nuestras sociedades. Los proyectos de Marta Peris y José Toral son ingentes depósitos de vocación y trabajo, de orden premeditado, pero unen al rigor y la lucidez que se le supone a la buena arquitectura, la sensibilidad poética y el talento geométrico que sólo cabe encontrar entre la mejor.

Es difícil saber de dónde proviene esa difícil conjunción. Tal vez del carácter diferente, casi opuesto, de los miembros de esta pareja afincada en Barcelona. Si a Toral (que habla con claridad y aplomo, y de niño quiso ser mago y de adolescente matemático, hasta conformarse de mayor con ser arquitecto) cabe adjudicar la potencia racional y geométrica de los proyectos del estudio; a Peris (que siempre quiso ser arquitecta y se expresa con timidez, aunque no por ello deje de enlazar las ideas con una admirable precisión) quizá se le deba la parte más lírica del trabajo. Puede, sin embargo, que esta clasificación no sea más que el fruto adventicio de la imaginación del crítico (que tiende a perfilar los personajes con caracteres netos) y de los lectores (que prefieren los relatos sencillos y con moraleja). De hecho, más allá de los tonos distintos del habla, de los gestos y actitudes diversos, lo que se deduce de una larga conversación con ambos arquitectos es más bien lo contrario: la sintonía de sus ideas, esa coincidencia profunda, casi natural, que sólo puede dar el haber trabajado juntos durante muchos años para encarar los proyectos de la arquitectura y la vida.

La sintonía tiene, de entrada, que ver con el alma máter de ambos, la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. El recuerdo de los años de formación es acaso más vívido en Peris, que sigue reconociendo en ella la mirada contextual que es seña de la Escuela, y recuerda con cariño las clases de Albert Viaplana, Enric Miralles o Pedro Azara, al mismo tiempo que reconoce el magisterio primero de Esteve Bonell, que le inculcó la vocación de ser una arquitecta comprometida con la realidad, y luego, el de Carles Martí, que alimentó sus inquietudes intelectuales dirigiendo su tesis doctoral sobre Yasujirõ Ozu. Toral suma a la nómina de estos admirados profesores a Eduard Bru, quien le hizo ver que el proyecto está por encima del autor y, por tanto, debe ser debidamente escuchado y respetado.

Terminada la carrera, Peris trabajó con Fernando Marzá, con quien cultivó su ya crecido interés por la cultura arquitectónica y la cultura en general, mientras que Toral pasaba un año en el estudio de Rafael Moneo, con quien aprendió que hay muchos modos de ser arquitecto. Toral recuerda que, en su búsqueda de 'la solución', Moneo cerraba puertas más que abrirlas, practicaba la definición negativa, de manera que el proyecto se convertía en un exigente ejercicio de crítica. "Cuando por fin llegábamos a un parco 'No está mal', sabíamos que estábamos cerca de lo que él buscaba, que era evitar los caminos trillados para luego hilvanar el rastro de las huellas tentativas del proyecto en un relato maravilloso". El ejemplo de Moneo —su modo radical de ejercer la ética del discernimiento— no fue un peso intolerable para Toral, sino la semilla de una revelación que le llevó a ser consciente de que podía sacar partido arquitectónico de su talento matemático, aplicando el análisis a las formas, las tramas, las estructuras.

Después, juntos ya como PERIS+TORAL, a la admiración de ambos por la esencialidad radical de Kazuyo Sejima o por el compromiso entre forma y energía de Lacaton & Vassal, se sumó un conjunto poderoso de préstamos intelectuales. De John Berger, les interesó el vínculo con la tierra y el arte a ras de suelo; de Victor Olgyay y Jean Prouvé, la dimensión bioclimática e industrial de la arquitectura; de Maurice Merleau-Ponty y Gaston Bachelard, el apego al cuerpo y el proyecto de poetizar lo cotidiano tanto en el espacio íntimo de la casa como en el espacio abierto de lo público en el escenario de la ciudad. Todo esto explica la arquitectura de PERIS+TORAL —al mismo tiempo que no termina de explicarla del todo—, una combinación de discernimiento analítico, pasión por el orden, vocación sistemática, compromiso con lo íntimo y cotidiano, sensibilidad ambiental, trato continuado con la materia y los industriales, y rigor —siempre trabajo y rigor— profesional.

Dejemos para el final el aserto con que tal vez tendríamos que haber iniciado este texto: Marta Peris y José Toral son autores de algunas de las obras de vivienda colectiva más arriesgadas, convincentes y poéticas que se hayan construido en las últimas tres décadas. Por eso, la razón de esta entrevista no puede ser sino indagar, con parsimonia y curiosidad, en su admirable trabajo. 

SISTEMAS DE EXCEPCIÓN

Eduardo Prieto (EP): Los arquitectos trabajan desde ese fondo de saberes asimilados, desde esa manera implícita de ver las cosas que llamamos intuición. Unas intuiciones son poéticas, otras son estructurales o materiales, las hay incluso que tienen que ver con ciertas presencias literarias. En vuestro caso, yo diría que la intuición tiene un carácter menos previsible, por cuanto en él la geometría se funde a su manera con la imaginación. Me refiero a la intuición de la trama, del sistema.

José Toral (JT): Es cierto que partimos de ciertas imágenes y patrones vinculados a un sistema. Pero entendemos los sistemas no como una respuesta rígida, sino desde la excepción. Creemos que el sistema no puede ser algo que se imponga al lugar: en esto somos fieles a la tradición de la Escuela de Barcelona, que es contextual. Para nosotros, el lugar es siempre el inicio, el punto de partida que marca unas condiciones límite —la topografía, el solar irregular, ciertas orientaciones— que dificultan el intento de sistematización. Pero no vemos tal dificultad como algo negativo, sino más bien como lo contrario: como una oportunidad de llegar a la solución que exige el proyecto. No creamos el sistema y luego adaptamos a él la excepción, sino que, desde la excepción, intentamos crear un sistema, una ley. Esto está presente desde nuestros primeros proyectos hasta los más recientes: en todos ellos, el sistema habitacional no es una entidad dada de una vez para siempre, sino una trama adaptativa que adquiere sentido precisamente porque tiene que dar cuenta de las excepciones.

EP: Plantear el sistema desde la excepción tiene algunos precedentes extraordinarios. Se me ocurre la Basílica de Vicenza, que Palladio dibuja en su tratado como una figura perfecta, casi platónica, y que, contemplada en su ubicación real, resulta ser un artefacto que da una profunda impresión de orden, de sistema, aunque esté diseñado a partir de excepciones: la asimetría del edificio preexistente, los accesos azarosos, las fuertes diferencias de cota entre unas fachadas y otras, el hecho de tratarse de un edificio con una fachada medianera…

JT: Sí, en esto somos menos de Mies —que es la tiranía de la precisión— que de Palladio o de Kahn, que resuelven las irregularidades y excepciones desde un sistema que se va ajustando con sutileza: en el caso de Palladio, mediante las distancias entre las columnas de las serlianas; en el de Kahn, gracias a los despieces de los panelados. Esta imprecisión asimilada nos interesa mucho más que la simple perfección de la trama. Aunque en primera instancia nuestros edificios parezcan tramas perfectas, están hechos a partir de excepciones. En las viviendas en Cornellà, por ejemplo, el módulo de la esquina cambia para ubicar adecuadamente las ventanas. La trama se acaba cualificando gracias a la imperfección, y esto a nuestro juicio la hace más interesante. 

EP: Es decir: empezáis siendo platónicos y acabáis siendo aristotélicos.

Marta Peris (MP): La idea es que el sistema debe plantearse de tal manera que, cuando se lleve al límite enfrentándose a las irregularidades, pueda llegar bien, pueda convertirse en otra cosa sin dejar de ser un sistema. Estos patrones iniciales quizá sí son platónicos de entrada, pero resultan aristotélicos en la medida en que introducimos en ellos grados de libertad —los medios módulos, por ejemplo— que permiten absorber creativamente la excepción. Los sistemas comienzan siendo abstracciones, pero tarde o temprano tienen que volverse objetos y responder a las condiciones concretas de un entorno. Sin estos grados de libertad programados desde el principio en la trama, los sistemas, los patrones geométricos, se convertirían en tiranos. Se daría, simplemente, una dictadura de la geometría.

EP: Creo que esa dictadura se manifiesta en ciertas actitudes modernas, como la del Existenzminimum, donde la serie de necesidades-tipo se resuelven mediante patrones rígidos, como si la relación entre modos de vida y geometría se pudiera resolver mediante un cálculo determinista. En el extremo opuesto estarían quienes, como Scharoun, Miralles o Siza saben trabajar con la accidentalidad poética, crean el objeto desde la singularidad radical. Unos pretenden imponer un orden al mundo; los otros, expresar el desorden del mundo. Me parece que vosotros, con vuestra búsqueda del sistema-excepción, os situáis en un valioso lugar intermedio. De un lado, la intuición de la trama, la fascinación por resolver problemas desde la geometría; del otro, el compromiso con la realidad, con el objeto incardinado en la circunstancia…

Texto completo disponible a la venta en la web de El Croquis.



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