AUTLETS: La Ofrenda de la Tierra
Una conversación con Francisco Cifuentes y Sebastián Martorell
Andreas Ruby
Texto publicado en El Croquis 235 AUTLETS 2015 2026.
AULETS es un nombre poco habitual para un estudio de arquitectura. Se trata de una palabra catalana que designa una alzineda joven o tierna, es decir, un bosquecillo de alzines, encinas (Quercus ilex), los emblemáticos árboles de hoja perenne del Mediterráneo. Un aulet es un pequeño bosquecillo de encinas —a menudo cerrado—, que se ha dejado en pie o se ha plantado a propósito en medio de los campos de cultivo para que el ganado —como de ovejas, cabras o cerdos— pueda pastar bajo su densa sombra, al resguardo del abrasador sol mediterráneo, mientras se alimenta de las bellotas caídas. Es un nombre interesante para un estudio de arquitectura, porque denota un lugar, no un edificio, lo que lo convierte, en definitiva, en un nombre muy adecuado para el estudio de arquitectura de Francisco Cifuentes Utrero y Sebastián Martorell Mateo, porque ellos no consideran la arquitectura como un objeto autónomo, sino como parte integrante del territorio del que procede. Sus edificios siempre parecen una parte desplazada de la cantera o del bosque que les proporcionó los materiales, y nunca quieren romper la conexión con el territorio que los produjo. Ellos prevén que sus edificios cambien al compás de las transformaciones de ese territorio, y con el tiempo devengan parte de él. Para ellos, un edificio no es una máquina para dominar la naturaleza, sino un refugio temporal donde encontrarnos a cobijo durante nuestra breve presencia en la tierra, tan transitorio como la sombra que proyecta un aulet sobre los animales que se refugian en él. Por esa razón, Cifuentes y Martorell ven su arquitectura como una expresión contemporánea de la arquitectura vernácula, cuyos valiosos conocimientos constructivos de miles de años pretenden aprovechar en sus propios proyectos. Les interesa mucho trabajar con estructuras existentes, pero incluso cuando construyen algo nuevo, sus proyectos se perciben, en cierto modo, como transformaciones, ya que siempre hacen referencia a conocimientos, técnicas materiales y prácticas espaciales preexistentes. Inmunes a la arrogancia de lo Nuevo —el fetiche favorito de la modernidad—, Cifuentes y Martorell no pueden evitar indagar en lo existente y nunca se cansan de sorprenderse a sí mismos, y a los demás, con sus notables hallazgos.
Andreas Ruby (AR): Su estudio, AULETS, se fundó en 2012, pero usted, Francisco, ya llevaba desarrollando su práctica profesional desde 2002. ¿Podría explicarnos qué le llevó a fundar AULETS junto con Sebastián y cómo esta colaboración ha dado forma al trabajo y trayectoria de AULETS?
Francisco Cifuentes (FC): Sí, efectivamente, empecé a trabajar por mi cuenta en 2002. Durante esos primeros años desarrollé la práctica en paralelo a la docencia y a los estudios de doctorado. De manera bastante natural, entendía la práctica como un trabajo colectivo, compartiendo proyectos con compañeros, como Pedro Vaquer, Tomeu Riutort, Jaume Crespí, Carles Oliver, Isabel Mestre, Sé Duch o Xisco Pizà. Más que una oficina en el sentido convencional, lo que constituíamos era una constelación de personas donde aprendíamos juntos a construir, a conocer los oficios y a compartir inquietudes y preguntas. Con Sebastián empecé a trabajar en 2008, a raíz de un proyecto de espacio público que desarrollábamos junto a Xisco Pizà, Isabel Mestre, Albert Viaplana y David Viaplana. Poco a poco empezamos a compartir proyectos y una manera de trabajar muy vinculada a la construcción, y esa colaboración acabaría dando lugar a AULETS. Más adelante se incorporaría Tomeu Riutort, ampliando el equipo durante los años siguientes.
AULETS nació en 2012. Más que crear una oficina, queríamos construir un espacio de trabajo capaz de reunir conocimientos procedentes de distintas disciplinas. Nos interesaba colaborar con arquitectos, ecólogos, geólogos, técnicos, industriales, maestros de obra y artesanos para entender cuestiones que iban más allá del diseño de un edificio. En el fondo, había una necesidad de comprender cómo los materiales, los oficios, los recursos y el territorio forman parte también del proyecto arquitectónico. Lo que buscábamos era entender qué puede suceder cuando todos esos elementos dejan de trabajar por separado y empiezan a construir una misma realidad.
Sebastián Martorell (SM): Para mí, lo más interesante de aquella colaboración fue descubrir una manera de aprender arquitectura a través de los proyectos. Cada obra abría nuevas preguntas sobre los materiales, la construcción o el territorio, y el proyecto se convertía en una herramienta para investigar y poner a prueba esas ideas. Con el tiempo entendimos que compartíamos una misma curiosidad por entender cómo los materiales, los oficios y el territorio participan en la construcción de la arquitectura. Creo que AULETS surge precisamente de esa voluntad compartida de seguir explorando esas preguntas a través de la práctica.

AR: Francisco, en 2007, justo un año antes de que Sebastián empezara a trabajar en su estudio, usted había iniciado una tesis doctoral sobre La Lonja, un edificio público del siglo XV, emblemático de Palma, diseñado y construido por el arquitecto Guillem Sagrera. Ese año marca el comienzo de una exhaustiva investigación sobre la construcción medieval en piedra que le mantendría ocupado durante ocho años. A primera vista, el tema de su doctorado parece sugerir la tesis de un joven investigador que se prepara para una carrera académica en un departamento de Historia de la Arquitectura. Sin embargo, llevó a cabo esta investigación como arquitecto en ejercicio, con un claro interés por la construcción de arquitectura contemporánea. ¿De qué manera influyó esta investigación en la evolución de su enfoque del diseño y la construcción, y por extensión, en la agenda arquitectónica de AULETS?
FC: Como comenta, existe cierta convención según la cual el estudio de una obra del siglo xv pertenece al ámbito de la historia. Sin embargo, mi aproximación a La Lonja era casi la contraria. No me interesaba tanto interpretarla como aprender de ella desde el oficio, e intentar comprender cómo pensó y trabajó Guillem Sagrera para construirla. Del mismo modo que un cantero, un carpintero o un alfarero aprenden trabajando en el taller de un maestro, un arquitecto aprende dibujando y construyendo, pero también estudiando cómo han sido hechas las obras de otros arquitectos. La investigación se convirtió así en una forma de aprendizaje a través de un proyecto construido. Esa manera de aprender arquitectura la compartíamos en los seminarios con Carlos Martí, Josep Quetglas y Paulino Viota en la ETSAB. En La Lonja, esto implicó estudiar la estereotomía de los siglos XIV y XV, los sistemas constructivos, las herramientas y las formas de pensamiento de aquella época. Cuando inicié la tesis, en 2008, tuve la oportunidad de acompañar a Pere Rabassa durante la rehabilitación de La Lonja, lo que me permitió conocer no sólo cada una de sus piezas, sino también aquello que normalmente permanece oculto: los cimientos, los muros, las bóvedas y los sistemas constructivos que sostienen el edificio. Ahí el dibujo se convirtió en una herramienta para deshacer y volver a hacer la obra. Fue en ese proceso donde ciertas decisiones constructivas permitían reconstruir el camino seguido por Sagrera y acercarnos así a su manera de pensar la arquitectura. Lo que me sorprendió durante la investigación fue descubrir que muchos de los problemas a los que se enfrentó Sagrera siguen siendo reconocibles hoy: cómo trabajar con un material concreto, cómo construir con los medios disponibles o cómo transformar las condiciones de un lugar en arquitectura. Cambian las herramientas y las tecnologías, pero las lógicas que vinculan materia, construcción y proyecto siguen siendo las mismas. Quizá por eso, para AULETS, La Lonja sigue siendo una referencia desde la que seguir pensando sobre el oficio, los materiales, la construcción y la relación entre arquitectura y territorio.
SM: Haber podido participar en la investigación de Francisco me permitió entender de cerca el proceso, el rigor y el tiempo que requiere una investigación. Para nosotros fue importante porque ayudó a construir una base común desde la que desarrollar la práctica. Más allá del contenido específico de la tesis, lo que realmente me interesó fue la manera de abordar la investigación: no tanto desde lo descriptivo, sino desde la voluntad de entender las lógicas que estructuran la arquitectura. Entender las lógicas que estructuran un proyecto permite comprender las preguntas que lo originan e incorporarlas como propias. También fue importante el propio objeto de estudio. La Lonja forma parte de nuestra ciudad y de nuestro paisaje cultural. Es una obra construida con materiales que todavía encontramos en Mallorca y que responde a condiciones territoriales que, en gran medida, siguen presentes. Esa proximidad permite establecer una relación directa con el edificio y entenderlo como una obra con la que dialogar. Esta manera de trabajar ha sido determinante para AULETS. Entender la arquitectura como un conocimiento que se construye acumulativamente, aprendiendo de los edificios existentes, de los materiales, de los oficios y de las personas que los hicieron posibles, sigue siendo una de las bases sobre las que construimos cada proyecto.
Texto completo disponible a la venta en la web de El Croquis.
