6a architects: Sobre el Terreno. Una Conversación con Stephanie Macdonald, Tom Emerson y Owen Lo Watson, por Mio Tsuneyama y Fuminori Nousaku

6a architects: Sobre el Terreno
Una Conversación con Stephanie Macdonald, Tom Emerson y Owen Lo Watson
Mio Tsuneyama y Fuminori Nousaku
Texto publicado en El Croquis 236 6a architects 2018 2026.
SOBRE NUESTRO ENCUENTRO
Mio Tsuneyama: Nuestro encuentro con 6a comienza realmente con Never Modern. Oí hablar por primera vez de su trabajo en una conferencia de Irénée Scalbert en la Universidad de las Artes de Tokio, y luego, este libro suyo me conmovió mucho. Acababa de terminar mi primer proyecto en Japón, tras volver de Suiza, y me costaba mucho encontrar el modo de relacionarme con el tiempo en el tejido urbano ad hoc de Japón, formado por micro topografías y abocado a una reconstrucción constante. Lo que realmente me impactó fue cómo ustedes interpretan con tanto detenimiento esos rastros del pasado, aparentemente insignificantes, y cómo trasladan sus historias al futuro. Me mostró otra forma de interpretar la ciudad: no sólo a través de sus edificios, sino también a través de pequeños trazos de la vida humana, como caminos, muros y fragmentos. Las fotografías de Richard Wentworth que aparecen en este libro también se convirtieron en una referencia importante para nosotros.
El tono general de Never Modern también se me quedó grabado. La arquitectura —e incluso el arquitecto— parece pasar a un segundo plano. El libro captaba algo del ambiente que se respiraba en Japón a mediados de la década de 2010, tras el Gran Terremoto del Este, cuando muchos de nosotros cuestionábamos el idealismo del período de crecimiento anterior. Fue el primer libro en inglés que leí de principio a fin. Nos interesó saber cómo trabajan ustedes con los elementos ya existentes, pero también su enfoque práctico y comunitario para hacer arquitectura —junto a estudiantes, clientes, historiadores, fotógrafos, constructores y otras personas—. Sentimos curiosidad por saber por qué la sociedad, sólo ahora, en este siglo, ha comenzado a valorar este tipo de procesos, así que decidimos ir a Londres para verlo con nuestros propios ojos. Para nosotros fue una forma completamente nueva de pensar la arquitectura y, al mismo tiempo, nos pareció extrañamente intuitiva, casi nostálgica: crear algo nuevo a través de la labor oculta de conservar edificios, respaldada por una actitud cívica surgida de la base, más que de lo institucional. ¿Es ese su interés fundamental en la arquitectura, o es más bien el Brexit, la migración y este contexto social lo que ha ido dando forma a su obra?
Stephanie Macdonald: Creo que Never Modern capturó gran parte de ese proceso, pero en realidad fue algo bastante inconsciente en aquel momento: estábamos tanteando el terreno para saber cómo trabajar con esos edificios, buscando captar su escala, su ritmo, y la investigación que hicimos por el camino nos llevó a diferentes lugares. Estábamos empezando; habíamos hecho pequeños proyectos como Oki-ni, nada más salir de la universidad, y creo que ya nos preguntábamos cómo encaja culturalmente un proyecto en una ciudad. ¿Qué significa para una marca de moda, o una tienda, comportarse como una galería? ¿Cuáles son los sistemas que operan a esa escala mayor y cómo se pueden desentrañar o transformar? Esta pregunta ha estado presente en todos nuestros proyectos desde entonces. Para nosotros siempre ha habido una dimensión social, incluso cuando ésta no es explícita: hacer que las cosas sean accesibles para todos.
Owen Lo Watson: Hay una larguísima historia tras un proyecto como Raven Row pero también otra mucho más corta, propia de las ciudades del Reino Unido, y especialmente de Londres. La historia de largo plazo siempre ha girado en torno a la llegada de personas, al intercambio y la difusión de ideas, y eso es lo que construye la infraestructura y las instituciones de una ciudad. Raven Row llegó a ocupar dos edificios gracias a que los tejedores y comerciantes de seda hugonotes, perseguidos en Francia, trajeron su oficio a esa zona de Londres y lo hicieron prosperar. La historia más reciente es que, durante los últimos treinta o cuarenta años, el Reino Unido se ha beneficiado de una extraordinaria arquitectura contemporánea pública: la Tate Modern, de Herzog & de Meuron, puso realmente de relieve la importancia del papel de la cultura, especialmente a partir de la década de 1990. Y el objetivo de estos emblemáticos proyectos públicos era hacer que el arte fuera accesible creando espacios de encuentro para la gente. Eso impulsó una cultura de construcción que se prolongó hasta casi el año 2008, hasta la crisis. Desde entonces, hemos estado recomponiendo las cosas con proyectos públicos que no implican edificios nuevos —son proyectos más orientados a los procesos, que aprovechan estructuras existentes y cuentan con menos financiación— pero que buscan lograr lo mismo: igualdad, acceso a la cultura y lugares de encuentro.
Tom Emerson: Es interesante que su pregunta sea también muy contemporánea —el Brexit, la migración—. Como dice Steph, probablemente no fuéramos plenamente conscientes de ello en aquel momento. Owen tiene razón en cuanto a la perspectiva histórica: Spitalfields ha sido el punto de llegada de diferentes comunidades desde el siglo XVIII, primero los protestantes franceses, luego las comunidades judías de Europa Central y, posteriormente, ya en el siglo XX, las comunidades bengalíes y del sur de Asia. Está cerca del río, pero fuera de la City, por lo que la gente tuvo más libertad para hacer lo que hizo. La tragedia del Brexit radica en no darse cuenta de que la cultura se nutre de la migración, en lugar de verse frenada por ella. Lo que nosotros hacemos es una arquitectura de pequeñas intervenciones, vinculada a un campo de ideas sociales más amplias; no hace falta un edificio monumental para operar en el ámbito cultural. Muchos de estos proyectos son de carácter colectivo, desarrollados a lo largo de un período muy extenso; somos el último equipo en incorporarnos a un lugar, no el primero. Somos un relevo más que un equipo completo.

SOBRE LO INACABADO
TE: Yo me crucé con su trabajo por primera vez a través de Laurent Stalder, en la ETH. Me preguntó: "¿Has oído hablar de Holes in the House [Agujeros en la Casa]?". No lo había hecho. Pero recuerdo haber pensado: "Es un nombre genial". Una forma muy poco convencional de presentar a un arquitecto. Luego, ustedes vinieron e impartieron la conferencia, y todo cobró sentido… Quisiera preguntarles algo sobre su libro Urban Wild Ecology, que se percibe como una especie de respuesta a Never Modern. Es un texto precioso. Me intrigó la idea de lo inacabado, tanto en la casa en la que están ahora [Holes in the House, Tokio] como en la temática de su trabajo. Los agujeros dan la sensación de estar inacabados. ¿Qué significa para ustedes lo inacabado?
Fuminori Nousaku: También queríamos hablar del futuro del edificio. Vemos la arquitectura como un conjunto temporal de actores, personas, conocimientos, historia y materiales que, probablemente, algún día se trasladarán a otros destinos. Incluso en el caso de este edificio: algunos de sus materiales acabarán por desaparecer, y con ellos una parte correspondiente de su narrativa. Por eso, queríamos abrir una brecha en el modelo actual de la industria de la vivienda, donde los edificios suelen demolerse y reconstruirse una vez que se consideran "acabados", en lugar de recibir un mantenimiento cuidadoso. Si dejamos de lado la idea de la completitud, nunca desperdiciaremos nuestro conocimiento, nuestra historia, las habilidades de las personas que trabajaron en él y tampoco los materiales. En nuestro mundo en rápida evolución —especialmente en lo que respecta al medio ambiente— el conocimiento y la tecnología avanzan a un ritmo vertiginoso. Lo que hoy parece correcto podría cuestionarse mañana. Si un edificio se mantiene abierto al cambio y a la renovación, podemos seguir poniendo a prueba nuevos conocimientos y tecnologías, al tiempo que aceptamos los errores del pasado.
En proyectos como Raven Row o Skinners’ Hall, lo antiguo y lo nuevo no se tratan como opuestos. La intervención de los arquitectos no se presenta como una ruptura clara ni como un punto de inflexión; diferentes estratos temporales simplemente coexisten dentro de los edificios, dejándolos abiertos a nuevas transformaciones.
SM: Eso no es algo que se nos enseñe. En la universidad el enfoque solía centrarse más en el objeto, en la composición de las cosas, por eso resultaba extraño incorporar lo personal, lo social, esas historias intangibles que residen en la estructura de un edificio. Creo que, en nuestro caso, surge como reacción frente a la demolición de edificios. Pero, incluso en un edificio nuevo, esas historias siguen ahí esperando ser descubiertas, y si se preserva algún rastro de ellas, la gente se siente capaz de habitar el espacio, ya sea nuevo o antiguo. En un caso como el de Raven Row, el simple hecho de limpiar las tablas del suelo con vapor en lugar de lijarlas revela trescientos años de uso. Yo creo que la gente percibe esas huellas en la estructura de un lugar, aunque sea de forma inconsciente. Si no se les presta atención, es fácil borrarlas y no ver la belleza ni la resonancia que hay en ellas. Eso es algo que también tomamos de la obra de Richard Wentworth: su lectura del tejido urbano, de las cosas que parecen desechos o que están dañadas, apreciadas con verdadera ternura, y entendidas desde una perspectiva social e histórica, pero nunca académica. Una vez se entiende el material de ese modo, se construye tanto con lo antiguo como con lo nuevo, y así, al entrar en un espacio, la gente siente que les pertenece porque esas historias dejan de ser propiedad de un único dueño o institución. En Londres, donde gran parte tiende a ser de propiedad privada, esto puede resultar muy excluyente. Sin embargo, si se presta atención a los materiales, es posible contrarrestar esto, incluso dentro de un proyecto comercial.
Texto completo disponible a la venta en la web de El Croquis.




